11 mayo 1871: La Comuna de París pide la destrucción de la casaLa Comuna de París (Francés: La Commune de Paris) fue un breve gobierno popular que gobernó París del 18 de Marzo al 28 de Mayo de 1871. Unos la consideran de orden socialista, otros anarquista, según si el que comenta es uno u otro. Marx la describe como una vindicación de los ideales socialistas, a lo que Bakunin responde que al no depender ella de una vanguardia y al no haberle tomado el poder al Estado o intentado crear un estado revolucionario,
la comuna era anarquista.
En un sentido formal, la Comuna de París de 1871 fue simplemente la autoridad municipal que ejerció el poder en esa ciudad durante los dos primeros meses de la primavera de 1871. Pero las condiciones en las que ella se formó, su controvertidos decretos y su sangriento final hacen de ella un interesante episodio de la historia moderna.
En el extranjero, había reuniones y mensajes de buena voluntad enviados por sindicatos y organizaciones socialistas, incluyendo algunos en Alemania. Pero las esperanzas de obtener ayuda concreta de otras ciudades de Francia fueron pronto abandonadas. Thiers y sus ministros en Versalles se las arreglaron para evitar que saliera de París casi toda la información; y en los sectores provinciales y rurales de Francia había siempre existido una actitud escéptica hacia las actividades de la metrópolis. Los movimientos en Narbonne, Limoges y Marsella fueron rápidamente aplastados.
Mientras la situación se deterioraba, una sección del Concilio ganó una votación (a la que se oponía Eugène Varlin —un corresponsal de Carlos Marx— y otros moderados) para crear un «Comité de Salvación Pública», modelado a imagen del órgano jacobino del mismo nombre formado en 1792. Sus poderes eran extensos y despiadados. Pero ya casi había pasado la hora en la que una autoridad central fuerte podía haber ayudado.
El 21 de mayo una puerta en la parte occidental de las murallas de París fue forzada y comenzó la reconquista de la ciudad por parte de las tropas de Versalles, primero ocupando los prósperos distritos occidentales donde fueron bien recibidos por los vecinos que no habían dejado París tras el armisticio.
Las fuertes lealtades locales que habían sido una característica positiva de la Comuna se convirtieron en una cierta desventaja: en lugar de una defensa planeada globalmente, cada «quartier» luchó por su supervivencia y fue derrotado cuando llegó su turno. Las redes de calles estrechas que hicieron inexpugnables distritos enteros en revoluciones anteriores habían sido en gran parte reemplazadas con anchos bulevares. Los de Versalles disfrutaban de un mando central y disponían de artillería moderna.
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